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Lo más frágil del ser humano es la vida. Con ella la muerte siempre se hace presente como recordatorio de que el mundo es inestable. Cuando se piensa en ese estado incierto se espera que una fuerza suprema sea de lo más benevolente y que la vida abandone los cuerpos cuando sea inminente: una muerte “natural”, una muerte que sólo confirme la ley de la vida cuya importancia más estratégica sea la procreación y después la ausencia. La vida interrumpida con violencia es el tema de todo lo que se consume en los medios de comunicación. Los ejemplos son numerosos y no valdría la pena corroborar sus incidencias. La muerte es el mercado de la vida. Su interrupción muestra cómo el vivir puede ser absurdo pero el morir un último dolor cuya superación nunca ha sido confirmada. El famoso “thriller” no es más que su manifestación más comercial. Las armas son extensiones de nuestra fascinación por la muerte y por el control de la vida. Determinar cuándo y bajo qué circunstancias se habrá de constat...
El JJ no se ríe. Su imagen reta a la cámara para ser exhibido como uno más de una aristocracia que ha decido cambiar de equipo y jugar con el número 3. Es más alto que los policías que se ocultan la cara tras unas máscaras y además, también, es blanco, otro güero residente de los Estados Unidos, que según dice la nota del Universal tiene récord criminal por traficar con mariguana. Es más corpulento que sus verdugos y seguro tiene más mundo. Fue capturado, dicen también el gobierno mexicano, sin un solo disparo, como si el JJ ya supiera que el gobierno mexica le iba a echar el guante. Lo que más llama la atención es su vestuario. Es una foto claramente mediática y con representación simbólica. El JJ, al igual que su compinche, escogió salir a posar con la marca de los narcos: “Polo”, haciendo alarde de derroche monetario y del porqué nuestra juventud aspira a ser como ellos. No sólo exhibe su piel blanca por las mangas cortas con las que se retrata, sino a la piel que se coge: l...
Patrimonio Nunca he visto la muerte. Dicen que es rígida y que la tez palidece para acartonarse. El calor que se busca de un cuerpo desaparece y deja de existir una persona. Sin embargo ¿cuándo es que existe una persona? No fui al funeral de mi padre, no percibí su agonía y nunca oí sus últimas palabras. Su vida fue una constante degradación, así como la de todo el mundo. No habló conmigo en su lecho de muerte. La última vez que conversamos por teléfono se había repuesto de una segunda embolia (tal vez una cuarta no recuerdo), dicen que los viejos son más dados a sobrellevarlas. No pude entender su voz entrecortada. Me dijo algo como para reconciliarse conmigo, como si hubiéramos sido un par de viejos conocidos, yo su subordinado, que con el tiempo habíamos tenido que reencontrarnos. No pude evitar pensar que me decía lo mismo que a todo el mundo. Su voz me llenó de pena, no por ser mi padre el que me hablaba sino por oír a un hombre al final de su vida, también sentí pena por mí. No...
Lo que quedó del año Los años se acaban y sus contemplaciones aparecen como augurios de algo que fue y que a través de su constatación son establecidos en una especie de inmovilidad que los preserva. Por eso la formulación de lista sobre personajes, libros o películas que inmortalizaron el año empiezan a circular, más como comprobación de que se está vivo aún y que no sólo se la pasó uno contemplándose al espejo (aunque haya sido el caso de muchos). No gozo de ninguna tribuna autorizada por ninguna corporación o grupo que valide y valore mis opiniones, por lo que lo que yo diga o deje de decir no tiene la menor importancia salvo para aquel que crea que la tiene sólo porque me conoce. Así, no pienso hacer ninguna lista que diga qué es lo que valió la pena en el 2010, sino tratar de hacer una reflexión sobre lo que tan difícilmente se puede historiar: los gustos personales. Al mismo tiempo, el problema mayor al que se enfrenta un crítico “judicial”, siguiendo la terminología de Northrop ...
¿Todo lo de los zombies? No he podido resistir la tentación de continuar con el informe de los zombies. He recibido misivas muy alentadoras para explorar más a fondo las circunstancias por las que los zombies han capturado la razón de muchos chiquitines en todo el mundo. Los comentarios a los que he tenido acceso han llegado de distintos lugares y por circunstancias diversas. Sin embargo, todos hacen hincapié en la necesidad de seguir profundizando en el asunto. Cabe mencionar que voy un capítulo atrasado, por lo que el “spoiler” no está garantizado pero sí su análisis. Como bien comentaba mi querido amigo anónimo por ahí, el episodio que siguió se llamó “Vatos” y en efecto hay mucha tela de donde cortar. Siempre ha habido un confusión y hasta debate acerca de la grafía que con la que debe escribirse, mismo debate que los gringos han clausurado y lo han puesto con v, que correspondería al vocablo apocopado de chivato, que significa soplón, según su majestad la academia. La de...
Todo lo de los zombies Al pensar en el terror que puede causar el ser humano me queda claro que una de las fascinaciones más demarcadas es el sabor de la carne, tal vez de la carne humana que se pasea con el deseo de ser devorada. Quizá por eso los vegetarianos alardean de su pureza espiritual y ven a quienes disfrutamos su sabor con fruición como si fuéramos unos descastados sicópatas que han venido al mundo a llevarse la poca cordura que queda en el sabor de la lechuga y el tofu. Los zombies siguen estando de moda. La moda de la carne no habrá de pasar por más que veamos documentales del terror en donde quede constancia que la carne que ingerimos está aderezada con mierda y que podemos incluso morir por sus delicias. El tema del zombie ya lo había tratado con anterioridad en alguno de mis comentarios pasados, creía que tendría que clausurarse porque ya no había más qué hacer o qué sacar de la carne cruda arrancada a mordidas limpias sin la previa salsita con la que nuestr...
Otoño y sus clásicos Estuve en la zona de Arlington-Dallas-Fort Worth, Texas hace unos cinco años. Me invitaron a dar una charla en la Universidad Texas, en Arlington, sobre algún tema relativo a mi tesis doctoral que había concluido hacía un año. Esta visita tendría la posibilidad de una posible contratación que nunca llegó. Aparentemente mi tema, o mejor dicho, mi carácter y poco dominio en el asunto chicano no fraguaron del todo para ser el elegido por el cuerpo de profesores y llenar la cátedra de poesía latinoamericana con posibilidad de articular algo sobre la literatura de la frontera. Sólo estuve dos días y una noche. Antes de mi visita no sabía nada sobre el área, sólo que en Dallas jugaban los vaqueros y que había un alto número de ellos. De igual manera había pisado un par de veces el aeropuerto para hacer conexiones de o a México. Uno de los del comité, al que llamaré Cristóbal, me recibió en el aeropuerto. Me habló entonces de la maravilla del lugar y de lo que ...