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La construcción del ser latinoamericano I ¿Cómo construir un mundo latinoamericano desde una retórica de la identidad? La identidad supone una identificación del hombre con el otro, ser idénticos es ser el mismo. Los afanes clasificatorios son espacios para la unidad estadística. ¿Hay algo que realmente nos distingue? o esa distinción de la que se habla aparece como una atribución que forma y transforma un organismo en otro totalmente idéntico. La transformación de la que se habla deviene en una serie de prácticas culturales que dicen algo diferente de lo que se vive. Por ejemplo, comer tacos determina mi formación cultural, es decir, como soy mexicano debo comer tacos para reafirmar mi identidad cultural. A medida que coma más tacos podré decir que mi cultura se construye mediante un mismo factor: el comer. Todos sabe que este racionamiento es falaz porque aunque no coma tacos o si como, eso no me determinará mi auténtico ser mexicano. Entonces, para buscar dar respuesta a mis difere...
Dora’s Journey Dora, the explorer , conduce a mis tres hijas sobre desérticos terrenos del Arizona. Recorren con ella una travesía hacia un lenguaje que se les confunde Mientras pide ayuda, mis hijas saltan e imploran a Dios que guarde sus correrías de amazona y Malitzin solitaria. Abren la boca y callan solamente. Ignoran la invitación para ahuyentar a un zorro enmascarado, que oculto, intenta robarles un mapa imaginado de recuerdos. Con un lenguaje que se les agolpa, mis hijas gritan “louder” con más fuerza. Cruzan una frontera montañosa para encontrar en sus nombres el acertijo que revele un perdido acento sobre las vocales ignoradas de los nuestros.
“Mis poemas no son mis poemas” Maestro Zen Ryokan Poema Kanshi El primer día de verano me pongo mi túnica con desgano Al filo del agua los sauces se han tornado en un verde intenso Al lado opuesto de la ribera Las flores de durazno y ciruela Se dispersan en la brisa matutina Deambulo arrancando briznas de mala hierba Inadvertidamente llamo a una puerta cubierta de maleza Las mariposas retozan en el sur del jardín Las flores de nabo obstruyen la valla de bambú en el lado este Aquí, en una atmósfera de perfecta tranquilidad Los días largos de verano Se prolongan sin fin Un lugar tan remoto es llamativo en sí mismo Fácilmente movido por la hermosura --así es mi naturaleza Tomo algunas palabras Y se convierten por sí solas en poemas ¿Quién puede decir que mis poemas son mis poemas? Mis poemas nunca han sido míos Cuando entiendas que mis poemas realmente no son mis poemas entonces podremos hablar juntos con poesía. Traducción del inglés de Raúl Carrillo-Arciniega
Oiga Doctor (Reflexiones desde la Malinche) No me diga eso profesor, doctor, decano, su eminencia. Yo soy mexicano, de los buenos. De esos que se acuestan con la frente en alto. No me diga eso doctor. Que yo soy quien soy porque así me lo dijeron en la escuela cuando era niño mientras cantaba mi himno nacional. Incluso ahora con el correr de los años en que instalado en Tenesí, cómodamente instalado, descubro que soy parte de algo grande, que sigo el camino de quienes como yo, han podido trascender una frontera para acceder al espacio superior de las ideas que de nosotros se generan. No me diga que no soy distinto a usted, que con respeto le hablo porque así me lo indicó mi madre en mis primeras lecciones de vida. Y le hablo de usted porque mi madre me ha recomendado tratar con respeto a mis mayores. Me lo dijo hace tiempo. No me diga que yo no tengo el espíritu del goce estético. No me quite eso, no me engañe con sus patrañas imperialistas, que al construirme de esa manera me destr...
Elegía del Nauta A Raúl Carrillo, in memoriam And if you find her poor, Ithaca has not deceived you.
 Wise as you have become, with so much experience,
 you must already have understood what Ithaca mean. Constantino Kavafis, Ithaca Ulises, el viajero, regresó a Ítaca, su Ítaca mítica. Regresó para recordar lo que la memoria guardaba. Al final de su vida Penélope esperó, tejiendo y destejiendo una mortaja, al héroe preciso que ya no era el mismo. Ulises conservaba en su memoria una Ítaca gigante, una casa y un calor, Tal vez a su madre parada en el umbral de la puerta cuando con lágrimas en los ojos le dijo adiós. Volvió después, nos cuenta Kavafis, para descubrir que él era Ítaca, que lo importante de Ítaca era el viaje, la justificación del retorno y no la casa desaparecida. La labor inútil de Penélope, comprendemos al fin, exalta la iteración de la memoria y el ideal de la espera, lo impreciso del recuerdo. Ulises, nuestro héroe que retorna, regresó a Ítaca. buscó a Pené...
II Arturo, como su padre, tuvo la fortuna de ser el protegido de la misión. Era el regalo que María atribuía al amor prohibido. Los trabajos de evangelización y colonización de los jesuitas continuaron hasta su expulsión en 1767. Arturo Eusebio fue parte activa de la evangelización de los indígenas de la península y, bajo las enseñanzas agrícolas de los misioneros, pudo sostener a sus demás hermanos. Cultivaron el higo, el trigo y pastoreaban un rebaño de cabras de las que extraían productos lácteos. El desarrollo de la región fue muy lento. Después de la expulsión de los jesuitas en todos los territorios españoles, la península fue olvidada hasta entrado el siglo XIX cuando los dominicos quisieron retomar el proceso evangélico. Al irse los misioneros, la mayoría de la gente que había llegado con ellos siguió sus pasos. A la muerte de María, tal vez de gota o de cansancio, Arturo Eusebio decidió regresar a Sonora, pero sin abandonar del todo la tierra adoptiva de su madre. Llegó al pue...
Cronologías Insulares I Mi linaje, por utilizar un eufemismo, pertenece a los primeros aventureros y pobladores de una árida región en la península de Baja California en donde la mayoría que pisó suelo murió prematuramente de gota o, afirman más exactamente, de locura. Fui exiliado de mi condado del este de la árida península. Despojado y vilipendiado escribí un poema sobre la condición trágica de su geografía que insufló el odio contenido del pobre que desconfía del rico. Me quemaron en efigie. La gente tuvo miedo de hablarme. El último de mis sirvientes me advirtió de la quema. Me regaló su revólver deseándome buena fortuna. Soy parte de una casta de la que me avergüenzo, no por ser el único que menguó la vasta hacienda que poseía, sino por no encontrar el valor para acabar con mi vida, y someterme, así, al agravio patético de escribir una justificación. No soy propiamente un pacifista, nunca dominé el arte de la confrontación, nunca he visto siquiera un Cuerno de Chivo; sólo pued...