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Indignarse en México o los nietos de Artemio Cruz

México es un país de espectáculos. Desde la violencia organizada hasta la desorganizada guerra de Calderón. La política se aleja de ser un mal necesario al principio del mal. Por eso Televisa tiene el monopolio del pensamiento. El problema es que Televisa en realidad no piensa, se maneja a través de pulsiones que van aparejadas de cheques con infinidad de ceros. La primavera mexicana, como ahora quieren llamarle más por una idea romántica del “no pasarán”, ha despertado incredulidad ante los procesos políticos mexicanos. Una incredulidad sostenida desde tiempos inmemoriales. Ser fresa ahora es lo correcto, las fresas ahora son los que se indignan, como lo expresa una de las mantas “Soy fresa pero no pendejo”. Me inclino a pensar que este movimiento se acerca más al de los indignados y al occupy wall street que a la primavera árabe. Sencillamente porque en México la democracia como institución ya ha existido y estos chavos fresas creen que el PRI salió por la vía democrática...
Enciclopedias No pretendo hacer una apología de algo que se ha convertido en un fetiche: los libros idos y todo lo que sea una marca del tiempo. Sin embargo, las enciclopedias fueron para algunos verdaderas concentraciones de todo el conocimiento. Mi padre fue uno de ellos. Él creía en las enciclopedias. Nosotros nunca tuvimos las enciclopedia Britannica porque sencillamente mis padres no hablaban ninguna otra lengua y  mi madre en particular consideraba que hablar inglés era de muy mal gusto: bastaba con ver a todos los gringos sin clase que descendían de la Alta California a la Baja, a la nuestra, para comprobar que hablar inglés era sinónimo de incultura. Si hubiera que hablar una lengua tenía que ser el francés, no por nada su pueblo minero había sido fundado por los franceses, algunos de ellos todavía rondando por el mundo desértico Baja Californio. Al ser médico, mi padre creía en el conocimiento universal, en el conocimiento científico que podía ser local...
De ciertos mares: Los indomables, los otros Pablo Carrington, el protagonista de los indomables, ha llegado al desierto de Baja California Sur hacia 1996 para reencontrarse con su padre, político al final de una carrera en el poder estatal y con su madre adicta al valium que le permite tener visiones piadosas. A lo largo de la estadía en el desierto Pablo se verá confrontado por sus propios fantasmas que se han materializado para buscar en su historia una épica que lo catapulte a un viaje interior. Con el último halo de poder de su padre, Pablo es nombrado Jefe de Literatura de un Instituto de Cultura sin presupuesto y sin misión. Este caos burocrático le permite emprender durante sus horas de trabajo  una escritura de tesis sobre la poesía de Becerra. En ese desierto la mezcla racial no se ha llevado a cabo, el valor del sexo y de la procreación se han entendido como un espacio donde el tabú es precisamente salir de él, y cualquier trasgresión debe ser castigada por...
¿Es usted indio? “Soñé que en una entrevista me preguntaban: “¿Es usted mexicano?” “Sí, respondía, pero no lo vuelvo a ser”. Del cuento “Mariachi” Juan Villoro, mexicano de padre español (en Estados Unidos tendría que llamarse méxico-español), luminaria de las letras nacionales. He leído ciertos comentarios a propósito del video del “Gentleman de las Lomas” . Todas las reacciones son condenatorias y coinciden en varios puntos, uno de ellos es el de la indignación. La indignación procede de un sentimiento de enojo y repulsión de los actos que se condenan. Sin embargo la indignación también se realiza cuando hay una parte que se reconoce como propia al contemplar la acción condenada. No sé si este sea el caso, tal vez es la manera de reaccionar, la empatía con la violencia necesaria, o descubrir que el odio está vivo y se mueve libremente dentro de la pirámide social. ¿Qué es lo que más asusta del video? Creo que su familiaridad con la indolencia ante el dolor del o...
Correr por las nubes En el libro de memorias What I talk when I talk about Running (2007) de Murakami he leído unas de las justificaciones más sinceras sobre el proceso de la escritura: escribir es como correr. Escribir no es correr pero sí es una actividad de largo alcance. Escribir es extender los dedos sobre la página y comenzar a hilar ideas que antes de serlo no eran más que intuiciones de todo lo que creíamos tener, pero sólo nos ocupamos por mera aproximación. He comenzado a correr hace muy poco como para pretender tener un reconocimiento en el terreno deportivo, más ahora que me aproximo con contundencia a los cuarenta y el cuerpo no se apiada. Inicié hace dos años para ser exacto. Sin embargo, el primer año lo hice como cuando empecé a escribir, más bien dotado por el entusiasmo y la desesperación de saber que tenía que ir a algún lado y hacer algo con las palabras que me salían de la boca. En mi época juvenil nunca pude correr porque me faltaba el...
Lo real maravilloso: del casino al turismo ecológico El tour real de Calderón ha sido ensombrecido por otro tipo de realeza, una donde el azar atrapa a sus condenados para trazar una gramática real, del terror. Una masacre en un casino “royale” que muestra la eficiencia con la que los sicarios han perfeccionado sus mecanismos para asesinar.  Lo interesante de las manifestaciones del mundo no es que se den como hechos aislados sino de qué forma la realidad resuena, cómo dentro de las figuras que construyen la realidad, el paralelismo existe sin pretenderlo, por azar, como muestra del poder de dios para nombrar qué es lo real y desde dónde se reparte la realeza. Entiendo que esta reflexión llegue a destiempo y que carezca de la novedad pertinente; sin embargo, la elaboro para quitarme un peso de encima, para ejercer una resistencia a través de las palabras y nombrar acontecimientos que me rebasan. Me rebasa el término realidad y todos sus derivados. La muerte ahora resu...
La rebelión de los na®cos Uno de los primeros y quizá el único en brindar una definición y atención al fenómeno de los nacos ha sido Monsiváis. En un artículo publicado en 1976 en la revista La cultura en México hace un recuento de lo que ha podido ser su estética y sobre todo quién es aquel al que se le denomina el naco. Según él, el vocablo es una versión apocopada de la palabra totonaco y denota el componente indígena de aquellos que lo portan pero con la salvedad de que son un fenómeno, un engendro de la civilización, o cuando menos de los esfuerzos civilizadores de los no nacos. El término es en definitiva peyorativo y tiende a señalar el nivel educativo, de una subcultura de un grupo que ha estado presente desde antes de la llegada de los españoles. Los nacos, los indígenas ya sin ese componente autóctono que tanto ha sido ponderado por el rescate de todo tipo, son el engendro de la ciudad de México cuando ésta tuvo su auge rumbo al progreso después del vac...