Ir al contenido principal

Entradas

Todo lo de los zombies Al pensar en el terror que puede causar el ser humano me queda claro que una de las fascinaciones más demarcadas es el sabor de la carne, tal vez de la carne humana que se pasea con el deseo de ser devorada. Quizá por eso los vegetarianos alardean de su pureza espiritual y ven a quienes disfrutamos su sabor con fruición como si fuéramos unos descastados sicópatas que han venido al mundo a llevarse la poca cordura que queda en el sabor de la lechuga y el tofu. Los zombies siguen estando de moda. La moda de la carne no habrá de pasar por más que veamos documentales del terror en donde quede constancia que la carne que ingerimos está aderezada con mierda y que podemos incluso morir por sus delicias. El tema del zombie ya lo había tratado con anterioridad en alguno de mis comentarios pasados, creía que tendría que clausurarse porque ya no había más qué hacer o qué sacar de la carne cruda arrancada a mordidas limpias sin la previa salsita con la que nuestr...
Otoño y sus clásicos Estuve en la zona de Arlington-Dallas-Fort Worth, Texas hace unos cinco años. Me invitaron a dar una charla en la Universidad Texas, en Arlington, sobre algún tema relativo a mi tesis doctoral que había concluido hacía un año. Esta visita tendría la posibilidad de una posible contratación que nunca llegó. Aparentemente mi tema, o mejor dicho, mi carácter y poco dominio en el asunto chicano no fraguaron del todo para ser el elegido por el cuerpo de profesores y llenar la cátedra de poesía latinoamericana con posibilidad de articular algo sobre la literatura de la frontera. Sólo estuve dos días y una noche. Antes de mi visita no sabía nada sobre el área, sólo que en Dallas jugaban los vaqueros y que había un alto número de ellos. De igual manera había pisado un par de veces el aeropuerto para hacer conexiones de o a México. Uno de los del comité, al que llamaré Cristóbal, me recibió en el aeropuerto. Me habló entonces de la maravilla del lugar y de lo que ...
Entre la Barbie y una mujer desnuda Barbie es el diminutivo anglosajón de Bárbara. Ese diminutivo es ya un mito dentro de nuestra mentalidad cultural de Occidente. La Barbie domina el imaginario de todas las niñas que aspiran ser una belleza mediatizada, exotizada y en una palabra contempladas. La Barbie se ha llamado también doña Bárbara en Latinoamérica y Arturo Cova, su protagonista, no se pudo librar de su embrujo por toda la selva adonde se adentró para ser, fingidamente, un cauchero más. Cova, tal vez por el contagio que tiene doña Bárbara, trata de emular lo que no es, de despreciar lo que tiene para al final buscarlo y al mismo tiempo mostrar todo un comportamiento esquizoide de todo lo que no ha podido ser sólo por ser lo que le ha tocado. Cova cae en una fiebre intensa que le hace delirar una condición que no existe. El caso ahora de la Barbie mexicana es una fenómeno que capta todo un universo de índole significativo: dos preguntas saltan a la vista: la primera por qué le di...
Piedra de sacrificios Mis hermanas me dicen que mi madre miente, que está paranoica porque dice que sus vecinos son narcos. Dice que la espían y que le quieren robar su casa y entrar a llevarse lo poco que queda y con ello llevarse el honor de la familia, porque nosotros sí somos de buena familia y ellos sólo tienen un dinero que nos han robado. Mi madre, que todo lo predice desde su paranoia acertada, nos ha quitado el pensamiento maniqueo de pensar que los delincuentes viven en zonas marginadas de la sociedad para regresar donde está la buena gente, los buenos, a cometer sus fechorías. Hace más o menos seis meses un operativo puso tras algún tipo de rejas, que esperamos sean las correctas, a uno de los ayudantes de aparente peso específico del cártel de Sinaloa. Mi hermana menor entre escandalizada y con una risa incrédula me dijo que lo habían aprendido en el Fraccionamiento de Fidepaz y que además era conocido como el ingeniero X. Mi escándalo derivó en certeza de...
El divinal auto de las llantas ponchadas Hace dos días el coche despertó con una ponchadura. Era una mañana extraordinaria de verano. La humedad no había subido y B. se disponía a salir por las vituallas de la quincena. Yo alentado por el día y el fresco de la mañana me propuse arreglar la bicicleta de Cami, responsabilidad que había dejado para cuando pudiera recobrar de mis archivos infantiles cómo se desponchaba. Había algo en el día que me motivaba a ser útil, cuando menos para mi familia. La voz de María me llegó desde el frente con un grito que sonaba a un holocausto acompañado de un “papiiiii...” Pensé que serían las ganas de María porque algo ocurriera para sacarnos de nuestro ritmo pausado de vida veraniega. Decidí seguirle el juego y respondí desde atrás con un ¿qué? que sonaba más bien a indignación por descubrir que lo que me pediría habría sido algo baladí. “El carro tiene una llanta ponchada” salió su voz desde un costado de la casa por donde había salido con cara de “¡es...
La redes del poder: Obama y yo Tengo pocos amigos y los pocos que me quedan ya me hablan poco; tal vez me gustaría tener un millón de amigos pero creo que no sabría cómo demostrarles que me importan. Ya aquellas épocas en que mi madre decía que yo era muy amiguero han quedado difuminadas en mi mente y siempre he creído que exageraba porque no quería ver que en realidad yo era muy antisocial. Se sorprendió mucho al llegar a recogerme una vez cuando estaba en la primaria particular Simón Bolívar, porque un niño, cuyo nombre he olvidado, me dijo “¡Nos vemos Carisma!” Mi madre lo tomó como la verbalización de una cualidad innata de su hijo para tener carisma con la gente y llegar a ser presidente de la república. En aquella ocasión el niño que me llamó de esa manera lo hizo porque mientras jugábamos “spiro” yo cantaba en voz alta el éxito de “Kiss” cuyos coros había oído en el radio mientras el chofer me dejaba en la escuela esa misma mañana. Éstos rezaban “Car...
Albercas Ser padre moderno es sinónimo de sacrificio. La propia sociedad impone un sinnúmero de avatares (en el sentido real del término) por los que los padres comprometidos con sus hijos deben pasar, casi como una especie de iniciación a la inversa. Como parte de ese ritual y preocupación se encuentra cuidar de los hijos para que tengan una infancia “equilibrada”; llena de todas las oportunidades que en realidad les hubiera gustado tener a los padres y que los hijos siempre desprecian porque sólo las padecen. En esta línea de pretensiones fue que por segundo año hemos metido a nuestras hijas a un circuito de natación del condado de Hazard, para citar un referente de ondón. Desde hace un mes y medio mis hijas se han sometido a un intenso entrenamiento físico para competir con otros niños, la gran mayoría gordos, y adolescentes superdesarrollados por las hormonas que consumen en la leche. Eso que en apariencia suena de lo más normal para aquellos que han tenido una infancia col...