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El Reino de la Magia Una vez que nuestro viaje comenzó, la fascinación que nos rodeaba a todos llenaba nuestras esperanzas de que el día intensamente caluroso traería consigo el sol de la diversión garantizada y de seguro, pensé, una deshidratación inminente. Les recordé a Berenice y a las niñas no olvidar las cantimploras de agua de aluminio que compramos ex professo para evitar cualquier visita a la enfermería y sueros nocturnos, así como los ponchos contra la lluvia que nos estuvo persiguiendo durante todo el camino. Nos montamos al trencito que conduce al primer filtro del parque: las taquillas. Para ahorrar tiempo y sobre todo para forzar el viaje y no arrepentirme reservé las entradas en el sitio electrónico, después de todo el Internet es de lo gringos. Al apearnos del cochecito de más de 50 vagones tirados por una especie de trailer en miniatura que nos dejó a la entrada, la masa amorfa de alrededor de 150 almas nos enfilamos a dejarle a Walt y su mundo 70 dólares por person...
El mundo según Disney Primera llamada Después de 36 años he cumplido con el sueño de Walt y sus secuaces: hemos ido al mundialmente conocido Disney World en Orlando, Florida. Como buenos burgueses que mis padres pretendían ser, una de mis desventajas entre mis pares era mi falta de discurso de la animación Disney. En la secundaria del colegio privado de la ciudad de México oía maravillado cómo la gente decía hablar en lenguas extrañas y deslizarse a velocidades increíbles por toboganes que no sólo eran sendas de la diversión, sino del poder mismo al dominar un universo más allá de sus fronteras. Palabras como Epcot y Magic Kingdom tenían en mi entendimiento un sabor raro y prestigioso, además de que conferían un extraño aire de superioridad a aquellos que las pronunciaban. Ver el mundo a través de la diversión era lo único que me parecía ponderable y su carencia me hermanaba a la cofradía de seres insatisfechos. Finalmente, y por reconciliarme con mi pasado burgués, fui a dar al mun...
Quería escribir esto hace tiempo pero no había tenido ni el tiempo ni la disposición para hacerlo. Debo confesar a todos los vientos cibernéticos que traigo cargando una necesidad de reconocimiento que no he podido abandonar desde que mis padres me condenaron a la ignominia y a la miseria por tomar un camino literario (si esto puede existir). Hace un mes ha sido mi cumpleaños y como es natural, como diría Gracilaso, el de la Vega, me puse a contemplar mi estado y mirar la senda por do he venido. En este recorrido, lleno de reconocimiento, esta ignominia y miseria a la que fui sentenciado se han tornado en una realidad, lo que sea que este término evoque. Habría que decir que al hacer un recuento --como me he enterado por el repaso tarológico que me he hecho—he descubierto que sólo el mundo y sus arcanos fueron los que estuvieron en mi contra. Según ellos, tengo una tendencia muy fuerte a autodestruirme, esto dado por las complicaciones que tuvo mi madre a la hora del parto según el lib...
La vida sin servidumbre Cuando uno sale de su patria para ver el mundo, jugar al juego de la globalización y hablar en lenguas extrañas, ciertamente lo que se deja atrás acaba por ser un producto que lleva a la mistificación de lo dejado. La migración hacia el desarrollo y el primer mundo tienden a ser una confrontación que ha llevado a la reflexión de muchos sobre sí mismos y comprobar que el mexicano es otra cosa en el mundo digna de ser definida. Yo no me atrevo a hacer una caracterización tan fundamental y ostentosa, sólo hablar por mi experiencia de mexicano inauténtico que soy. Salí de mi país hace 8 años y creo, hasta ahora, no volver; no porque crea que México es una mierda o que todo lo mexicano es fuchi y de ese modo ponderar lo otro y ser, como buen mexicano según Paz, bien malinchista. Las razones son muy pragmáticas: en México no tengo trabajo ni tampoco conocidos ni amigos que me ofrezcan uno (decente se entiende). Cuando he invitado gente para que me hagan compañía...
Hay cosas que no me gusta hacer en esta suerte de espacios y una de esas es compartir poemas con el mundo (decir mundo es un eufemismo sólo para los escasos cinco visitantes que tengo a la semana). Lo hago porque es un poema que tendría que haber incluido desde el principio cuando me aventuré, más por curiosidad, a utilizar este recurso como espejo narcisista. El narcisimo está justificado en cuanto a que la morbosidad nos lleva a ver qué ocurrencias ha tenido alguien que hemos conocido remotamente en el tiempo o en la distancia. De igual modo, las relaciones de amor/odio se presentan como glaciaciones que, un tiempo congeladas, se derriten bajo el peso de las coincidencias. Coincide que donde vivo he vuelto a oír la palabra península que creía muerta o evaporada. Desde hace tres años habito en un puerto que parece ser la antítesis de la que dejé hace ocho años pensando que me convertiría en un hombre de verdad, en un héroe invencible o en un dios humanizado. Han pasado cosas: he vuelt...
Escribo para forjarme un destino. Mi discurso sirve como cicatriz desde donde espero leerme en la distancia. Fui un hijo bastardo en el estricto sentido de la palabra. Mi padre estaba casado legalmente con su primera esposa y mi nacimiento coincidió con la discusión sobre pensiones alimenticias, responsabilidades paternas y familias divididas. De mi historia sé poco. Los que pudieran haber hablado de ella ya se han ido sin ventilar el producto de sus disquisiciones y todo lo que sé no alcanza a clarificarme un destino o una necesidad de ser algo dentro de una familia. Mi padre murió hace tres años después de tres embolias y una úlcera sin habernos deseado una feliz vida y una placentera muerte. Escribo para reconocerme, para buscarme dentro de estas palabras que son lo único que me conforman. Soy sólo esto, emblemas, signos que se dibujan sobre superficies inexistentes. No pienso en la conformación que el otro que me lee le pueda dar a mis reflexiones, sino sólo lo hago para pensar ...
Lo público de los baños Siempre me ha parecido interesante el papel de la intolerancia y las tensiones que el ser humano experimenta en su contacto con el otro. Uno de los lugares predilectos para ventilar todo este número de deseos irresueltos y de odios, en la mayoría de lo casos gratuitos, es el baño público. El baño de los hombres, desde que lo recuerdo, siempre ha servido como pizarra para exponer y explorar la tensión que genera vivir en el mundo, o mejor compartirlo con el otro. Supongo que la relación para ventilar todo este tipo de carga metafísica se establece por la analogía del deshecho a la que invita el baño. El escribano que hace de la pared del baño un mural exhibicionista descarga en su momento de soledad, al mismo tiempo que mea o caga, todo el peso que acarrea consigo en el vivir diario. En un acto de liberación moral toma el lápiz, el marcador, la pluma –incluso hasta las llaves--, para plasmar lo más oscuro de sus perversiones corporales, incluyendo necesidades aus...