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Esta es la tercera (y última) entrega de la persecución que Johnny ha tenido desde hace tiempo. La hago pública sólo por el placer morboso de exhibirse, de ser excéntrico y de saber que nadie ha de tener tiempo para leerla. El perseguidor de Johnny ( Finale larguísimo ) III El perseguidor se hizo como de agua, como de ceniza, como de silencio y dejó de servir de pretexto para componer las normas vacías del tiempo, que repito hasta el cansancio. Y es que hablar sin morderse la lengua es creer que las cosas se sucedieron como si todo hubiera pasado. Entre tanto el alma del que perseguía una cola, o que como cola se perseguía, era un mundo de oportunidades, era un mundo todo limpio en donde la única miseria que podía verse estaba oculta en cada uno de nosotros, aquellos que bañados diariamente con agua de todas las temperaturas posibles buscábamos dignidad al mejor precio. Y aquí me interpongo, me abro de pecho para buscar algo más que la rabia en el cuerpo de no saber a ciencia cierta ha...
El perseguidor de Johnny (continuación) II Por eso escribo; para perseguir en secreto a todos los que se me atraviesan por la vista. Escribo en las tardes cuando todos duermen, cuando todos los que me ven ni siquiera me imaginan, y es que nadie imagina a nadie, nadie se prefigura dentro de ninguna salvación o dentro de ningún rito ajeno. Mientras yo persigo en silencio hay quienes acosan para convertir al hombre en conciencia de que sí hay otra cosa, otra vida, otra necesidad de ser otra gente y de no perseguirse tanto, y es que el paraíso terrenal se llama del algún modo, está por ahí doblando la esquina, llenando el tanque; por lo regular tiene un horario fijo, huele bien y tiene pisos brillosos, hay sonrisas por doquier, despide amor amor y amor. Ellos también persiguen, ellos también sienten que les pertenece el mundo y que Dios les habla en su lengua, y por qué no si todo lo puede y todo lo domina. Allá están los otros perseguidos. Aquí estoy yo frente a la persecución de mí ...
El perseguidor de Johnnhy I Eso hizo el perseguidor de sí mismo que andaba por las estrellas plagiando el mundo y todas las cosas que en él encontraba. Este perseguidor de sí mismo tomaba de las novelas y de la literatura algún vacío para untarlo al cuerpo y hacerse cargo de quienes añoran unos dividendos astutamente distribuidos. Me veo tratando de anidar una historia que narrar, historia que pedí prestada por no tener ninguna original, nada que me saliera del alma o de la cabeza. No sé si en este punto me explique las cosas que buscaba, o que sigo buscando como si fuera un afamado investigador que quiere encontrar la pista de su víctima. La pena que sentí fue porque no hallé en la noche algo más interesante que hacer, que volver a sentir que soy uno de los tantos que llegarán a tiempo cuando se nos invitó a la mesa. Hoy, por ejemplo, descubrí que no había más sentimiento repulsivo que querer montar números en donde no hay más nada que argumentar. Antes pensaba que andar por ahí apren...
El terrible fenómeno del niño o The Mexican Phantoms Alguna vez leí por ahí que era considerado signo de buena educación, en algún país del lejano oriente, hablar del clima y de los avatares que la temperatura causa en la gente, siempre, claro, como exordio conversacional. Mientras esperaba en la oficina de migración de la universidad a que llegara mi turno para exponer mis dudas sobre situaciones migratorias a una despistada señorita que seguro desconocería, noté que el tema del asunto climático se encontraba vivo y disperso sobre la faz de toda la cultura occidental, léase la gringa. Inducido por el aburrimiento de esas oficinas burocráticas comencé a imaginar una conversación similar en México. En qué sería distinto, o bajo qué circunstancia tendría puntos de contacto. Hace cinco años que salí de México y no he vuelto desde entonces. Me han dicho que las cosas han cambiado. Para este mundo moderno y sus avatares, cinco años convierte a los objetos tecnológicos en maquinarias de ...
Conversaciones en el Campus: El Apocalipsis is coming tonight I. Un gringo que conversa conmigo, sería mejor decir un amigo, de nombre Martin Shepard, me dijo en alguna de las conversaciones que sosteníamos, que iría a ver su abuela a un pueblo al oeste de Tennessee antes del solsticio de invierno; por supuesto que lo que más me saltó (permítaseme la metáfora circense) fue que tomara como referencia el día de cambio de estación en lugar de contabilizarlo con un día en el calendario. Este gringo, que creo que ya es una especie de amigo, cuyo nombre en español sería algo así como Martín Pastor, creía en el Apocalipsis, en la destrucción inminente de la humanidad y en la masacre mundial a través de las bombas atómica que Bush hijo estaba preparando. Vivía en lo que según me dijo, con aire de exotismo, era un barrio pobre: el “South Knoxville” que, por lo que descubrí más tarde, lo que me quería decir es que era algo así como el Bronx neoyorkino, en donde operaba toda una banda de delincu...
La grandeza del mexicano Si quisiera ser un poco más falsario argumentaría que con esto que escribo busco compenetrarme con el universo que soy yo mismo, que no puedo salir de mí porque no veo cómo alguien pueda salir de sí mismo para contemplar las ideas de ser aquel que no he sido, o que no ha sido –sólo con el afán de salir un poco. Estaba pensando que lo mismo sería estar en este lugar o en otro y documentar entre las curiosidades y reflexiones que me nacen y que me vienen como si fueran estallidos de palabras –pequeña intentona poética. O como si fueran una especie de declaración de algo –pequeña intentona proselitista. El problema que para declarar algo habría que tener una audiencia que todavía no conquisto y si así la tuviera habría que innovar para que no lo dejara de ser. Ya por estos tiempos hay tanta falta de cosas que no es sencillo ponerse a embarrar letras significantes en su particularidad, pero que a veces dentro de su generalidad son un mero escarceo con las ide...
El resentimiento de la fea Empezar a copiar la realidad es una tarea fácil. Se hace y ya está, se copia la realidad aunque sea absolutamente inverosímil. Ahora acabo de ver durante unos 28 minutos uno de estos programas en donde se dedican a hacer escarnio de la gente y se exhiben las más bajas pasiones del hombre, donde, de manera sutil, se desarrolla y fomenta el odio hacia otra persona. Antes de venir aquí, el concepto de obsesión sólo me era posible como eso, un concepto en donde alguien demente buscaba conseguir cosas absurdas y para mí, esa clase de dementes estaban muy lejos de mi realidad circundante; había convivido con la miseria, con la carencia de recursos básicos, con sociedades venidas a menos, con familias a las que les asaltaba la vergüenza de estar, después de una larga vida en la opulencia, en la más real necesidad. Lo más cercano a la locura lo había corroborado por un tipo al paseaban todo el día en un carro hasta constituirse en parte del folclore local. La lo...